Otro yacimiento guanche de altísimo valor en Arona víctima de vandalizaciones pese a su catalogación como B.I.C. y Zona Arqueológica hace 20 años

 

Recientemente y tras nuestras últimas denuncias relativas a la destrucción y vandalización de yacimientos guanches en el municipio de Arona, nos hemos visto obligados a alertar de nuevo a las autoridades sobre otro caso lamentable relativo a un yacimiento considerado como único, por la tipología de las manifestaciones rupestres representadas, que refieren a otras de enorme importancia encontradas en las islas más orientales. El yacimiento posee un tipo de grabados muy poco comunes, que hasta hace poco eran considerados inéditos en Tenerife y que constituyen un claro vínculo cultural común entre los primeros pobladores en todo el archipiélago. Presumiblemente estos grabados rupestres serían de gran antigüedad y fueron declarados como Bien de Interés Cultural y su entorno como Zona Arqueológica a proteger en 2008. Ya en ese entonces se anunciaba el estado deplorable en el que se encontraba este vestigio guanche. Pintadas, graffitis y rayones, fragmentos del panel de piedra arrancados o basura dispersa, entre otras señales de decrepitud, eran reconocidas en la misma noticia que anunciaba ya hace casi 20 años en prensa su catalogación y puesta en valor oficiales.


Lejos de haber significado diferencia alguna, el estado del yacimiento es igual e incluso peor al del momento de su declaración como valor protegido, pues durante estas dos décadas, el espacio se ha popularizado aún más y concretamente en los últimos años incluso ha sido anunciado públicamente como un “must” a visitar, en páginas de turismo y más particularmente en webs de aficionados al senderismo en toda europa. Páginas de rutas montañistas facilitan tracks GPS para acceder al lugar sin que se advierta de los valores presentes y de su vulnerabilidad extrema. Ni Ayuntamiento, ni Cabildo ni Gobierno de Canarias han realizado intervención alguna, de cara a señalizar y advertir de la presencia de estos bienes durante estas dos décadas, pese a su catalogación oficial. Ya sea protegiéndolos integralmente de manera física, ya sea propiciando una actitud respetuosa y fomentando activamente  pautas de preservación a través de paneles informativos que los pongan en valor y a su vez adviertan sobre las graves consecuencias que “teóricamente” debería comporta el dañarlos o alterarlos. Decimos “teóricamente”, porque en la práctica, la gran mayoría, por no decir todos los atentados cometidos contra el patrimonio indígena en Tenerife, quedan sin investigar ni expedientar y por tanto sin responsabilidad jurídica derivada de estos actos vandálicos.


Tristemente, tal y como comenzamos diciendo, este episodio no es excepcional ni en Arona, ni en otros municipios. Sin embargo el caso de Arona es especialmente alarmante ya que posee un número altísimo de yacimientos registrados en proporción a otros municipios, presumiendo en su propaganda institucional a través de redes oficiales y publicaciones editoriales, de poseer manifestaciones culturales guanches de toda índole repartidas a lo largo y ancho su territorio. Mientras se exponen indiscriminadamente localizaciones exactas de yacimientos sobre los que no existe ningún tipo de protección, destacándolos como atractivos turísticos a la par que se destinan recursos económicos a publicaciones divulgativas en las que se detallan dichos enclaves para que cualquier curioso pueda llegar a visitarlos, no se ha terminado ni tan siquiera de completar la carta arqueológica municipal, dejando muchos yacimientos del municipio fuera de inventariado y por tanto de cualquier figura de protección legal posible. Aunque como decimos, que un bien arqueológico esté catalogado y como en este caso, quede amparado por el nivel más alto de protección dentro de los que establece la actual ley, no significa que se apliquen medidas reales que ejecuten dicha normativa. En la práctica, se están dando a conocer estos importantes lugares de nuestra cultura indígena, sin que en muchos casos se hayan realizado estudios pertinentes y aún cuando sí han podido ser estudiados y prospecciones por los científicos, estos espacios permanecen abandonados a su suerte sin que se destine un duro a su conservación y salvaguarda efectivas. Se promocionan como valores exclusivos y atractivos turísticos, pero se abandonan a su suerte. No nos cabe en la cabeza que alguien pueda llegarse a un templo religioso o edificio aristocrático de época colonial, vandalizarlo, y que nadie se preocupe lo más mínimo por restaurar el daño y encontrar a los responsables.


Además en una reciente visita, nuestro colectivo pudo hablar con algunos vecinos del lugar que nos trasladan su preocupación por prácticas aparentemente ilegales, realizadas presumiblemente por una explotación porcina presente en las inmediaciones del propio B.I.C. amenazado. Según nos han hecho saber, sospechan que dicha granja porcina está realizando vertidos no permitidos de purines y otros otros subproductos generados por la actividad de explotación animal, en el mismo cauce del barranquillo adyacente. El olor en la zona es insoportable y sospechan que incluso  puedan estar enterrando animales muertos en el margen que separa dicha explotación de la Zona Arqueológica protegida. 


En referencia a esto último, hemos trasladado su malestar y preocupación a las autoridades locales, sin que hasta el momento hayamos recibido respuesta. Confiamos en que se activen los debidos protocolos y se investigue si esta explotación porcina está contaminando el lugar y de ser así, se actúe de inmediato para evitar males mayores. Lo que debería ser una vivencia maravillosa al visitar un yacimiento de esta importancia  cultural, se convierte en una experiencia de lo más desagradable. Los grabados rupestres  que atestiguan la historia ancestral de nuestro pueblo, destruídos, pintarrajeados y estropeados y el hedor de los purines abarcando todo el lugar y generando una atmósfera insufrible, en lo que pareciera una esperpéntica alegoría de la situación general que padece nuestro patrimonio guanche. Abandono, destrucción, ilegalidad y hedor a desidia y desinterés. Las administraciones responsables han conseguido que nuestro territorio ancestral, se haya convertido en un vertedero en donde la ley solo favorece a los más poderosos, velando por sus intereses privados, mientras que nuestra cultura, historia y legado material, se ve condenado a desaparecer bajo todo tipo de ilegalidades y patrañas. 


Colectivo Imastanen

Defendiendo el legado superviviente


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