El Gobierno de Canarias destruye un grabado rupestre guanche en San Miguel de Abona para instalar un bebedero de animales.

 


Desde el colectivo de arqueología social Imastanen nos vemos obligados una vez más a denunciar la desaparición de un grabado rupestre guanche de motivo 'damero' en San Miguel de Abona, tras la instalación de un bebedero para animales por parte del Gobierno de Canarias. La obra, ejecutada en el marco del programa '+ por Canarias' junto a la Federación de Caza, se ha llevado por delante un testimonio milenario de nuestra cultura indígena. En las inmediaciones sobrevive —de momento— otro grabado de tipología lineal que podría correr la misma suerte.


Esta importante zona arqueológica del sur de Tenerife, a pesar de la multitud de manifestaciones presentes, sigue siendo víctima de la desidia y la negligencia institucional, lo cual ha posibilitado un nuevo atentado contra nuestro legado ancestral. Dicho grabado no estaba catalogado, pese a encontrarse en una zona con otros grabados próximos que sí están se encuentran registrados. 


Este hecho pone en duda la eficacia de las prospecciones que se realizan desde la administración y que en muchos casos dejan fuera de registro algunos vestigios, lo que supone que queden sin ninguna garantía de protección jurídica que los ampare. La ausencia de catálogos municipales actualizados y la descoordinación entre las áreas correspondientes de las diferentes administraciones locales, dan como resultado una gestión defectuosa que sigue sin garantizar una protección efectiva sobre nuestros bienes patrimoniales.


Una vez verificado el daño, se informó al área de Patrimonio Cultural del Cabildo de Tenerife, desde donde se nos confirmó que ese grabado en específico no estaba inventariado. Frente a nuestras contínuas denuncias por casos similares, hemos llegado a obtener por respuesta por parte de algunos ayuntamientos, incluso el reproche de que no llegásemos a tiempo para salvar el bien arqueológico afectado. Ante esto, cabe preguntarse: ¿Somos nosotros -una asociación sin ánimo de lucro y que solo actuamos desde el amor debido al patrimonio indígena- quienes debemos velar por que este tipo de sucesos no se den, o la propia administración municipal, que tiene entre otros mandatos legales, la obligación de custodiar, preservar, conservar y proteger los yacimientos guanches presentes en su ámbito territorial? Mientras estas preguntas caen en oídos sordos,las máquinas pasan por encima de nuestra historia, arrancándola para siempre.


Insistimos en que la primera causa de esta pérdida irreversible es la falta de coordinación entre administraciones: El Gobierno de Canarias instala un bebedero sin mirar dónde pisa; el Cabildo no tiene la zona inventariada;el Ayuntamiento de San Miguel de Abona no ha cumplido con sus catálogos; y así siguen pasándose la pelota, mientras que un grabado guanche que llevaba cientos de años contándonos quiénes fuimos, desaparece para siempre. Esto no es un accidente: es una negligencia colectiva, que se repite demasiado a menudo.


Y aquí es donde hace falta, a nuestro juicio, poner el foco en la raíz del desastre: el Artículo 20 de la Ley 11/2019 de Patrimonio Cultural de Canarias. Este artículo obliga a los ayuntamientos a crear consejos municipales de patrimonio cultural y unidades municipales de patrimonio para garantizar una protección activa y cercana. San Miguel de Abona no tiene excusa. La ley les obliga a tener un consejo y una unidad de patrimonio funcionando. Si existieran, alguien habría sabido de la presencia de ese grabado, alguien habría coordinado con el Cabildo, y alguien habría parado la máquina. Pero no: lo que hay es una estructura ausente, un Ayuntamiento que presumen de patrimonio y una total ausencia de protección real sobre el terreno.


El Artículo 20 no es un adorno de la ley. Está ahí para que no ocurra justo lo que ha acabado ocurriendo. Obliga a los ayuntamientos a contar con órganos específicos para proteger el patrimonio, y si San Miguel de Abona no los tiene operativos, está incumpliendo la ley de forma flagrante. Mientras tanto, los grabados desaparecen bajo un bebedero. Es vergonzoso. 


El daño ya está hecho y por experiencia sabemos que no se investigará ni se depurarán responsabilidades y más, cuando el bien arqueológico desaparecido no estaba ni tan siquiera catalogado. Nuestro patrimonio cultural indígena parece suponer un estorbo para sus proyectos y se ignora de manera reiterada, poniéndolo en riesgo o eliminándolo directamente, sin que existan consecuencias. Incluso en aquellas zonas en las que se encuentran bienes registrados en el catálogo insular, en muchas ocasiones éstos no aparecen en los desfasados catálogos municipales y en otras muchas ocasiones, se verifica que las prospecciones realizadas desde las administraciones, dejan al margen algunos bienes, por no contar con la información al completo y por realizarse en condiciones -que en boca de los propios técnicos responsables- resultan precarias y desventajosas para garantizar la efectividad de dicha catalogación. La ausencia de voluntad política condiciona el trabajo de los profesionales, que no cuentan  ni con medios ni con personal suficiente para hacer cumplir la ley.


Colectivo Imastanen

Defendiendo el legado superviviente

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