El Malpaís de Rasca: Otro caso de abandono sobre el Patrimonio Natural y Arqueológico en Tenerife
Recientemente nuestro colectivo tuvo la oportunidad de participar de una salida junto a usuarios del Centro de Rehabilitación Psicosocial “El Mojón” y el lugar elegido fue el Malpaís de Rasca, uno de los espacios naturales protegidos más emblemáticos de Tenerife y que pese a ser declarado a mediados de los 90 del pasado siglo como Reserva Natural Especial, hoy día ejemplifica la desidia y abandono tan comunes a las administraciones gestoras cuando se trata de patrimonio indígena, tal y como venimos denunciando públicamente desde que nuestro colectivo se conformara. El espacio protegido lo componen 315,4 hectáreas que albergan destacados hábitats de cardonal-tabaibal costero y de interior, así como diferentes comunidades de flora y fauna asociada. Además está catalogado como de especial interés el paisaje y la estructura geomorfológica de todo el Malpaís y los conos adyacentes. Dentro de la fauna que acoge la zona protegida destacan además numerosas especies de invertebrados. En particular, diferentes aves altamente amenazadas por el crecimiento urbanístico, que ha llevado a que estas pequeñas zonas protegidas sean hoy auténticos santuarios para especies que antaño hicieran de su hábitat natural todo el territorio costero y que hoy acorraladas por la presión humana, ven peligrar sus últimos reductos de supervivencia.
Pero el Malpaís de Rasca, por su especial ubicación y orografía, representó además en el pasado un importante asentamiento y centro de actividad para las sociedades guanches del sur de Tenerife. Por ello en la actualidad conserva numerosos yacimientos que dan testimonio de su importancia y que según reconoce en su web el propio ayuntamiento de Arona -municipio en el que se encuentra- representa “una de las principales joyas arqueológicas de Tenerife”. Las actividades ligadas a las poblaciones guanches largamente asentadas en esta zona, dejaron huellas materiales tras de sí que sobrevivieron a la posterior conquista y colonización europea. Muchos de estos enclaves fueron además reutilizados por los descendientes de aquellos guanches hasta tiempos recientes. Vestigios de aquella sociedad que trascendió el tiempo y que aún hoy vive representada por abundantes restos de cabañas, concheros, fragmentos de cerámica, material lítico y otras estructuras que guardan relación con el hábitat insuloamaziq característico del sur de la isla. En el entorno de protección natural se encuentran al menos 65 yacimientos arqueológicos de gran valor histórico y patrimonial para Canarias con restos de actividades humanas anteriores a la conquista.
En el 2000 se produce la declaración del Malpaís como Bien de Interés Cultural con categoría de Zona Arqueológica, pero queda invalidada por sentencia judicial debido a las alegaciones de algunos propietarios que temían que sus terrenos quedasen afectados por la figura de protección. En 2006 se realiza una nueva declaración como B.I.C. de la Zona Arqueológica de Rasca que, en teoría sigue vigente hasta hoy. Pese a todo y en la práctica, muchos yacimientos quedaron fuera de la zona protegida originalmente, que además se vió reducida debido nuevamente a los recursos interpuestos por algunos de los propietarios contrarios a la medida, que finalmente se llevó al TSJC, sin que a día de hoy haya quedado constancia pública de la resolución del caso ni si hubo sentencia que anulase dicha declaración. Al no existir pronunciamiento público sobre la sentencia, asumimos que el B.I.C. sigue vigente como figura de protección sobre los yacimientos presentes. El estado que presentan, no obstante, habla de una especie de limbo en el que ninguna medida protectora ha sido ejecutada, mientras continúan la degradación y el expolio.
La importancia de Rasca como Zona Arqueológica no sólo se restringe al importante patrimonio pre colonial que alberga, dado que, por la continuidad de ocupación del territorio en épocas posteriores a la conquista, se desarrollaron en la zona toda una gama de actividades tradicionales de subsistencia características de los ambientes áridos del sur de la isla, cuyas huellas materiales persisten sobre el terreno: pastoreo invernal, pastoreo de suelta, cultivos tradicionales de secano, cultivos de tomates bajo regadío, pesca y recolección marina, pardeleo, recolección de sal, fabricación de cal y explotación de plantas barrilleras.
Destacan dentro de este patrimonio etnográfico los secaderos de barrilla, los bancales abandonados, las cuevas, las cabañas, las salinas, los goros, los aljibes, entre otros valores. Dentro del espacio protegido se encuentra el Faro Punta de Rasca, construído a finales del siglo XIX. Desde los diferentes gobiernos municipales e insulares se vienen sucediendo promesas referentes a habilitar esta infraestructura así como el espacio adyacente para convertirlo en un Centro de Interpretación Natural y Patrimonial. Parte del ámbito de protección propuesto se encuentra incluido en la Reserva Natural Especial del Malpaís de la Rasca, mientras que el resto es clasificada por el PIOT como Área de Regulación Homogénea Natural, con la subcategoría de Malpaís. Si bien sobre el papel el Malpaís y sus bienes naturales y patrimoniales se encuentran protegidos por dos figuras legales superpuestas (B.I.C. y Reserva Natural), no se corresponden completamente en el terreno y aunque solapadas, una parte importante de los vestigios guanches siguen quedando fuera de una y otra. Al final éstas se revelan tan sólo como figuras legales retóricas a modo de alfombra publicitaria, que al ser levantada esconde una realidad terrible de abandono y desinterés institucional. Basta con ir a dar un paseo para comprobarlo.
En 2023 el Parlamento Autonómico aprueba una propuesta de Ley para ampliar a 557 hectáreas la Reserva Natural Especial, sin que a día de hoy se hayan tomado medidas efectivas que avalen su cumplimiento ni actuaciones prácticas que la ejecuten. Muy al contrario, el estado de abandono se hace palpable ya desde que uno accede al sendero que parte desde el núcleo urbano de El Palmar. El inicio del sendero no cuenta con señalización alguna y no es hasta más adelante, que encontramos el primer panel informativo, en un estado de deterioro lamentable. En el cartel la información sobre el sendero es mínima, lo que sumado a la ausencia de señales durante el recorrido, lleva a que al final cada quien decida por donde desea circular libremente, en una maraña de veredas sin señalizar que atraviesan caóticamente toda la zona. Aunque para ser justos sí existe una señal inequívoca que señale el comienzo del sendero y es el mal olor que desprende la estación de bombeo de aguas fecales que se encuentra en el límite del espacio protegido. Un hedor insoportable que bien podría emplearse en las páginas oficiales de turismo como punto de inicio del sendero por el Malpaís de Rasca, a falta de otras referencias menos repugnantes.
Este espacio tan significativo y con tantísimo valor cultural y biológico, considerado por las fuentes oficiales como el segundo en importancia arqueológica de la isla tras el teide, se está viendo gravemente amenazado debido a la expansión urbanística en los bordes de la zona protegida. Pese a las figuras de protección existentes se hace común observar áreas con vertidos de residuos y una elevada erosión del terreno, como consecuencia del tránsito incontrolado en el interior del espacio. Otras actividades lúdicas sin control alguno como la pesca furtiva, el marisqueo o las expediciones de saqueadores arqueológicos, están acabando por arrasar con este espacio sin que a nadie parezca importarle. A nosotros sí nos importa. Y mucho.
Por otro lado, la presencia de flora invasora da cuentas de este abandono que denunciamos. Plantas invasoras que pese a encontrarse en un nivel de expansión aún controlable si se actuase con presteza, su propagación descontrolada representan una amenaza sobre el delicado equilibrio ecológico del lugar. Como muestra de este abandono y desinterés institucional, encontramos también el estado de los diferentes “goros” y “cabañas” habitacionales, sumidas en un estado de deterioro avanzado. Muchas de estas estructuras de piedra que han sobrevivido durante siglos, muchas veces reutilizadas, están desmoronándose a un ritmo catastrófico tras quedar abandonadas a su suerte. No solo no existe interés por conservarlas ni señalización que las identifique y ponga en valor, sino que el expolio sistemático al que viene siendo sometida la zona, está arrasando con todo el material en superficie que antaño cubría el lugar: Restos de cerámica, material lítico como fragmentos de obsidiana así como restos de malacofauna que componen los diversos “concheros”, han desaparecido casi por completo. También las salinas, algunas de factura indígena y reutilizadas hasta época reciente, se encuentran en un estado de abandono avanzado, hallándose semienterradas y muy deterioradas.
Sin señalización, información, cartelería, ordenación y medidas de protección y vigilancia efectivas, el Malpaís de Rasca está condenado a convertirse en otra zona degradada, como tantas de las que aún quedan sin encementar en el litoral tinerfeño y que como viene siendo costumbre, acabará por ser salvada del abandono, solo gracias a algún inversionista visionario que decida que la mejor forma de rehabilitar ese solar yermo y devastado con cuatro matos y tres moscas muertas, sea construir un lujoso eco-resort para exclusivos clientes foráneos. Una muestra más de cómo bajo el actual modelo defendido por la clase político-empresarial canaria, incluso aquellas zonas que cuentan con un mayor nivel de protección legal en la teoría, carecen de programas de intervención en la práctica. Todo ello demuestra un nulo interés por salvaguardar los valores patrimoniales que aún resisten, más allá de promesas electorales y proclamas, cuando se trata de acogerse a subvenciones económicas europeas que acaban esfumándose misteriosamente o en el mejor de los casos, siendo destinadas a cualquier cosa menos a la conservación, protección, estudio y divulgación efectivas de nuestro rico patrimonio natural y cultural.
Leyes y figuras de protección que solo tienen vigencia sobre el papel, mientras nuestra historia, biodiversidad y paisajes únicos en el mundo, se ven condenados a convertirse en un enorme reclamo comercial en el que solo cabe imaginar nuevos hoteles, urbanizaciones y paseos de hormigón que colapsen lo que en su día fue un territorio hermoso, lleno de vida y maravillas naturales. Territorio sobre el que nuestros antepasados debieron sobrevivir dignamente no sin penurias, para dejarnos el testimonio de resiliencia como herencia identitaria desde la que aprender a valorar lo más importante en esta vida: Nuestro hogar, la naturaleza, única fuente de recursos de los que dependen para sobrevivir tanto quienes hoy estamos, como quienes aún están por venir.
Colectivo Imastanen
Defendiendo el legado superviviente
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